lunes, 30 de mayo de 2016

Reto 77

                               Hola amigas el reto 77, preparado por nuestra anfitriona Yoli de  los caprichos de Dafne    trataba de hacer mandalas, atrapa sueños o similares.  Yo empecé a trabajar  en estos puntos con la idea concreta de hacer un detalle.
                                Pero cuando llevaba la mitad hecha "accidentalmente" se me fueron los agarradores de la cocina a los animales y de ahí ya a la basura. De manera que pensé sería un ahorro de tiempo convertir las mandalas en agarradores.  Así pues, me disculpo con todas las participantes por ésta conversión o variante que me evita un tapón en el trabajo.
               
                               De momento salgo del paso, ya vermos más adelante. Van dobles, es decir, cada uno tiene una trasera diferente:
                                Y hasta aquí. Los colores me gustan más sufridos (se han de susar a diario), pero teniendo en cuenta el reto, les he puesto color más claro. Y muchas gracias de antemano.
                                Un abrazo para todas.
                                                                Nita

jueves, 26 de mayo de 2016

Sket Zulú 4

Hola amigas:  con retraso, pero llegó. Nuevamente Zulú  nos trae unos minutos de entretenimiento para olvidarr problemas cotidianos, al menos durante unos momentos.


Después de sentir los músculos cansados, a quién no le gusta tumbarse un rato y tener el placer de descansar. Dejar la mente divagar que circule por donde quiera o simplemente tenerla en blanco.
Zulú capaz de dormir en cualquier lugar, alto o bajo, pequeño o grande,  con sol o sombra,  había conseguido enganchar los jirones de un sueño. Sin embargo hacía un rato que la subconsciencia le proporcionaba una sensación de movimiento y él sabía que aún en los sueños uno ha de estar vigilante, expectante, preparado para cualquier cosa. En muchas ocasiones su vida podría depender de ello.
 Lentamente,  poco a poco esa sensación se iba convirtiendo en algo más definido, más auténtico. Oía pequeños arañazos amortiguados y se estaban convirtiendo en algo muy típico y característico. Pero… ¿Sueño o realidad? No seguro del todo, movió primero hacia atrás el radar de una de sus orejas.
(¿Mmmmm?)
 Luego abrió un ojo para cerciorarse  si continuaba dentro  del sueño.
(Me parece…)
Después abrió el otro….  ¡El sonido era auténtico!
(Sí.)
 No muy lejos de allí debía encontrarse uno de los regalos más codiciados del mundo gatuno.
 Muy despacio incorporó la mitad de su cuerpo y con un movimiento sumamente suave se irguió todo lo grande que era para dirigirse al lugar y origen del diminuto ruido.
Con todo sigilo que pudo, sorteó unas piedras, corrió un trecho y llegó a su meta. Sólo un salto le separaba del blando bocadito. 

Pero de pronto el exquisito manjar con patas, se percató del peligro  reaccionando como una flecha en busca de protección .Y antes de lo que se puede relatar, Zulú saltó con todo  ímpetu sobre su pequeña presa. Sólo que no era tan pequeña ni blanda como creía. Su cabeza pareció golpearse sobre una roca, para acto seguido convertirse en algo enorme con pelos y patas gigantes. Se vio atacado recibiendo golpes sin saber con qué o quién peleaba. La confusión fue tal que su reacción fue la de chillar  y luchar a fin de alejar aquél monstruo de su cuerpo. Para más desconcierto el monstruo le igualaba a chillidos y bufidos. Sólo cuando la mente de ambos contrincantes procesaron  con qué habían arremetido, quedaron espatarrados y aturdidos en el suelo viendo todavía como el pequeño mamífero se escabullía  ante sus propios ojos.  

En en un momento quedaron quietos, como cuando se mastica la calma antes del terremoto. Afortunadamente no hubo más enfrentamiento. Cuando el dolor del golpe empezaba a amainar ya era inconfundible saber que tal monstruo no era más, que otro gato que había visto y saltado, al mismo tiempo hacia el preciado festín.
-         Miaaaaaauuu  mi cabezaaaa…. Ca pazao....Ma caído el mundo encima – se lamentaba un gato atigrado.
Zulú le igualaba en dolor.   
-         Ahhhhhh  qué golpeeeee.
Ambos se frotaban la cabeza donde seguro les saldrían sendos chichones.
-          ¿De dónde has salido? -  Preguntó Zulú, medio mareado todavía, al otro gato.
-         Ezo digo yo. Yo no he zalío,  yo entraba- Le respondió.
-         ¿Entrabas? ¿Dónde ibas a entrar?
-         Zí, entraba a eze agujero que iba a meterze el ratón.  
-         Vaya, pues, ese ratón es mío ¿Sabes?
-         Ez Mío.
-         Te digo que es mío.
Yo  lo vi antez, zeguro, tan zeguro como me partío la cabeza, Haaayyyy. 

El atigrado logró enderezar medio cuerpo, mientras Zulú conseguía sentarse. El dolor empezaba a remitir aunque muy lentamente.
-         Por si no te has dado cuenta  eso que has visto no es un ratón es una rata.
-         Poz eza rata la vi yo antez
-         No, no es así, además ¿Qué haces tú aquí?  Este barrio es mi territorio
-         ¡Ozú! ¡Hez por el ratón eze! lo he perzeguío  to er  día. Se ezconde má que lo cuerno de un caracó.
Mientras contestaba señalaba con una pata delantera el agujero en cuestión.
-         Pues que sepas que en éste territorio caza mi familia Zarpaguante  desde toda la vida. – El atigrado levantó las orejas y le gustó oír el comentario.
-         ¿La familia Zarpaguante? ¡Ah! Puez yo tengo un primo mío zarpaguante… por parte de la cuarta camá, de la hermana de la mare que me parió. Y ar paresé por el zegundo pollonaso de mi pare.
-         Pues qué bien, quién lo diría, por la pinta del pelaje que traes y… Oye ¿No serás tú por casualidad el larga-uñas que robó una ristra de longanizas  a la panadera?
Atigrado enderezó su cuerpo todo lo que pudo.
-         ¡¡Je, je!! Er mizmo. Er mizmo que vizte y calza. Ezo merece una condecorasió.
-         Ca  lle  je  ro. - Rezongó Zulú.
-         ¡Oye sin ofendé!
-         Seguro que te atragantarías con la ristra.
-         Qué va…. Na má  me comí tré.
-         Ja, ja, ja.  ¿Tres? No te lo crees ni tú.
-         Zí, porque er matón azquerozo del barrio me laz  mangó.
-         ¿Un matón? - Preguntó asombrado Zulú - ¿Hay un matón por aquí?
-         ¿No lo zabiaz?  Pue no zabez la que te ezpera. Noz tié  a tos  hazta el bigote. Como te vea con un buen bocao  ez cazi ceguro que te lo quita. Vamo, el cazi tambié  ze lo come. 

Se hizo un corto silencio mientras ambos se lamian las manos para pasarlas enseguida por encima de sus orejas frotándose así los lugares magullados. El silencio fue roto por el atigrado. No le caía mal el gato azul aunque literalmente se le hubiera caído encima. El encontronazo era suficiente como para no querer pelear por un miserable ratón.    
-         Bueno, qué ¿Vamoz a mediaz con eze roedor?
-         Es una rata
-         Poz lo que zea pero ez un buen bocao. ¿No?
-         Mira – Zulú empezaba mosquearse - ese “bocao” te aseguro que tiene dueño y ese soy yo.
-         ¡Vaya con el zeñorito! pue la rata no lleva ezcrito en el lomo que zea propiedá de naide. 
-         A ver cómo te explico - Zulú suspiró armándose de paciencia para explayarse - Esa rata fue un regalo, un regalo exclusivo para mí, me la trajeron los Reyes las navidades pasadas. Por tanto es mía.
-         Loz reyez ¿Eh? ¿Qué reyez? – Tigre, no estaba muy convencido.
-         Los reyes magos, claro.
-         Ozea, que el zeñorito ze codea con la aristocracia. Qué prezumío. Y ande están ezos tioz si se pué zabé.
-         ¿No sabes quién son los Reyes Magos? – Preguntó Zulú.
-         Poz loz que hacen magia, digo yo ¡Anda que no te privaz de na!
Estaba seguro que ese gato azul, le estaba tomando el pelo
-         Mira, eze cuento ze lo cuentaz a otro.
En verdad que Zulú estaba asombrado.
-         No me lo puedo creer, ¿A ti nunca te han traído regalos los Reyes Magos
-         ¿A mí? Que ma quiziera que codearme con la realeza o la ariztocracia.
-         A ver – la paciencia es una virtud gatuna, pensó Zulú - todos los años por  navidad los Reyes traen regalos a los gatos que se han portado bien durante el año.
-         Aaaaaahhhhhh  ¡Poz ya eztá claro! yo no entro en eza lizta. Conmigo no tién na que hacé.
A estas alturas Zulú ya tenía claro la clase de gato que tenía enfrente.
-         Qué pena que no sepas de su existencia.  
-         Oye,  Habe zi te creez que voy por ahí chuleando de ir con to quizqui.
Zulú, no tenía nada pendiente y si algo le sobraba eran horas, así que mientras, los chichones seguían su camino en crecimiento, empezó a contarle una historia de un tiempo remoto en el que nació un niño en un poblado llamado Belén. Tigre escuchó con atención toda la historia y al cabo…
-         Poz ahora que lo dicez e verdá,  zí que lo zabía, lo que paza ez que dezde chico por navidá un amigo y yo noz íbamoz a ezquiar a la montaña. Menoz el año pazao
-         ¿Y por qué no? Quiso saber Zulú.
-         Poz se rompió una pata, luego ze le infectó y murió. E mu triste perdé a un amigo de toa la vida. ya no tendré compañía pa ir  máz a la montaña.
A Zulú le caía bien  éste gato, no sabía el motivo, pero de lejos podría ser su enemigo.
-         Claro, que sí gato, yo mismo puedo acompañarte
-         ¿Zi?
-         Bueno, siempre que no sean en esas fechas.
-         Vale, poz  me conformo. Pero entonze, lo de la rata…
-         La rata se queda donde está - fue la contestación tajante.
El tigre arrugó el hocico  
-         ¿Te la comez tu zolo?
-         No. No la voy a tocar.
-         Entonsez  zi no te la comez ¿Pa qué la quierez?
-         Pues para jugar con ella. Es mi juguete favorito ó llámala mascota si quieres.
¡Qué raro es el tío este! pensó  tigre.
-         Y cuando la tripa ta hase ruido, ¿No te dan ganaz de zampártela?
-         No, yo no me como las ratas.
-         ¿Y ratonez?
-         Tampoco.
-         Entonsez ¿Que comez tío?
-         Lo que me da mi ama o pienso.
El gato forastero dio un paso para atrás y lo miró de arriba abajo como a un bicho raro.
-         ¿Lo que piensaz te lo comez? ¿Cómo hasez ezo?
Zulú también quedó extrañado por la pregunta, pero enseguida cayó en la cuenta de que ese gato no habría oído ni probado nunca si quiera un alimento así.
-         No claro que no –se apresuró a decir – No es pienso de pensar. El “pienso” al que me refiero, es una comida seca, compuesta de verduras, carne o pescado. Todo deshidratado.
-         Ah ¡Qué  joio! ¡De lo que ze entera uno! ¿Y azí ze pué comer?
-         Claro hombre, digo gato. Es buenísimo, algún día te invitaré a merendar.
-         ¿Sí? 
-         Sí, un día de éstos ya verás. Ahora ven, acompáñame te voy a enseñar algo que quiero que veas.
Los dos gatos con Zulú a la cabeza enfilaron un estrecho sendero hasta un enorme árbol, al tiempo que Tigre, con tristeza, dio un último vistazo a la abertura por donde se había colado la rata, pensó que ya podía decir adiós a la cena del día, pero iba a respetar el juguete de su amigo si quería conservar su naciente amistad. Ningún otro gato había tenido tanta consideración con él y menos después de un encontronazo semejante y por tal motivo.  A su querido amigo de la montaña lo extrañaba pero había oído decir que a rey muerto, rey puesto. Ignoraba si ese rey era también mago, pero si le había traído otro amigo no lo iba a dejar escapar así como así. Por el contrario,  iba a conservar su afecto por encima de todo, aunque  tuviese que sacrificar un pedazo tan sabroso como el que se había escabullido por el maldito agujero.
Mientras caminaban a Zulú le picó la curiosidad.
-         Y dime, ¿Cómo te llamas?
Habían trepado ya al árbol y Tigre que iba tras él por una estrecha rama, no contestó, caminaba con esos pensamientos. Zulú extrañado se paró y se volvió hacia él. Atigrado estuvo a punto de chocar de nuevo. Reaccionó y contestó:
-         Eheeeeeeee.  Yo no me llamo.
Zulú comprendió.
- Vale, quiero decir cómo te llaman a ti.
- Ah, Puez no ze.
- Cómo ¿No sabes cómo te llaman?
Bueno, a vesez  loz humanoz con faldaz  zalen con una ezcoba y me dicen “Zape”  ¡fuera de ahí! Azí que eze debe sez mi nombre.
Zulú le hubiese gustado reírse con gana, pero se aguató para no parecer que se burlaba. En cambio le dijo:
-         Pues Zape es un bonito nombre. Mira, así se llama el personaje de un tebeo  que tiene por hermano un gemelo con nombre Zipi. Los dos se lo pasan pipa, jugando y haciendo trastadas.
Zape se alegró de oír aquello y poder contar también algo.
-         ¡Miau!, Poz yo tambié tengo un tebeo
-         ¿Sí, cuál?  Que tebeo es.
-         Poz el de mi abuela.
-         Cómo que el de tu abuela, explícamelo.
-         Poz mi abuela tie uno blanco, de cerámica, con borde azulao, con aza y to. Y dentro tie un ojo mu bonito pintao, ella lo llama un TE VEO, aunque yo lo llamo orinal.
Zulú aún contenía el impulso de risa anterior y el de ahora ya no lo pudo dominar.  Estalló en carcajadas. Un poco más y casi se cae de la rama.
Zape se le quedó mirando sin saber por qué el gato azul  se retorcía de risa. Y preguntó inocente:
-         Qué paza, he dicho algún chizte.
-         No Zape, perdona  es que me ha hecho gracia la forma en que lo has contado. Hubiese aguantado la risa pero anteriormente ya se había prendido la chispa. -El también  conocía ese recipiente pero no era un tema del que se hablara demasiado.
-         Poz a veces no te entiendo.
-         ¡¡Ba!! no hagas caso. Mira, ese bacinete  que comentas ya no existe.   
-         ¿No? Poz mi abuela lo tie guardao bajo la cama.
-         Desde luego, será ya para tenerlo en un museo, aunque no se yo.. si al exponerlo….. se echó a reír. Dejémoslo….
Zape, seguía sin entender, pero sí lo dejó pasar. Le interesaba más otra pregunta.
-         Y tu ¿Tiez nombre?
-         Yo me llamo Zulú- se corrigió en su honor- Me llaman Zulú.
-         Poz encantao
-         Igualmente Zape. Ven, casi hemos llegado.
Subieron un trecho más  y luego con un pequeño salto treparon por una gran rama impregnada todavía con restos de musgo en su lado más húmedo.   Desde allí se divisaba todo un espectáculo de la naturaleza.  Unas montañas no demasiado lejanas parecían acunar  un valle lleno de vida. El verdor de los árboles anunciaban sus próximos frutos y bancales de diferentes colores exaltaban macizos de plantas en flor. Por su centro serpenteado de cañas circulaba silencioso un río, no muy grande pero sí lo suficiente para ahogarse cualquier  intrépido animal que quisiera pasarse de listo. Ambos gatos como si hubiesen quedado de acuerdo se sentaron sobre sus patas traseras y la colita rodeando las manos delanteras. Erguidos quedaron en silencio un momento, imaginando posiblemente los diferentes animaluchos que habitaban debajo de toda esa frondosa vegetación. Después se sentaron. 

-         Ésta es mi atalaya preferida. De vez en cuando vengo si estoy preocupado o cansado. O dolorido, como ahora. 
Zulú, sin dejar de observar el frente hizo una pausa y al no contestar el compañero, supuso estaba concentrándose en tan bello espectáculo. Por eso prosiguió.
-         El color de la vegetación, el olor a tierra, el cielo tan limpio, una vista así me serena, mi respiración se hace más profunda. Me transime tranquilidad. A ti qué te transmite.
Como el otro no le contestara le dio una rápida mirada.
-         En qué piensas.
-         Poz eztaba penzando en comerme el penzamiento. En aquelloz bancalez de abajo tien que habé por narisez una montoná de  ratonez.    
-          Pero…  Y el paisaje ¿No te gusta?
-         ¡Ah zí! mucho. Dezde aquí veo lo  frutalez  que lez guzta a loz gorrionez, eztan pa chuparze lo dedoz y uñaz. Allá a la derecha no zabía que habían olivoz. Poz luego luego vendrán loz tordoz. En la mataz verde ze ezconden loz conejoz, algún gazapo habrá. Y el río a vesez trae pesez.  Oh zí me guzta mucho ezte zitio.
Zulú sonrió. Qué visión tan distinta obtenía cada uno de aquél espectáculo. Pero respetaría su  punto de vista puesto que en realidad todo aquello representaba el lugar en que el gato se desenvolvía para sobrevivir. La de él en cambio le bastaba para admirar y disfrutar. Habían nacido en gateras diferentes y eso no se podía cambiar. Además no iba a fulminar la incipiente amistad del gato atigrado aunque se lo pidiesen de rodillas. Por cierto, no se lo iba a pedir nadie.
                                            Hasta la próxima.
                                                                     Nita.